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Ser Testigo Por la Vida

por Obispo Michael Duca

Con frecuencia, y sucederá más en un futuro, nos encontramos defendiendo nuestra fe de gente que no entiende o entiende lo contrario a lo que cree la Iglesia.  Por ejemplo, desde hace poco escuchamos decir que “la Iglesia Católica no se preocupa por las mujeres y por sus derechos.” Escuchamos estos comentarios especialmente porque se trata de la posición que toma la iglesia en el tema del aborto.  Si están cansados de escuchar esto, sepan que trabajaremos incansablemente para defender nuestra fe a menos que ante todo, como en este caso, sepamos que esta declaración no es verdadera. Encontraremos energía renovada si no nos dejamos envolver en defensa de lo negativo sino más bien regresar la conversación a ser Testigos de la Vida, esto quiere decir, ser testigos de nuestra creencia en el valor absoluto de toda y cada vida humana – un testigo del amor y cariño de toda la gente. Este testimonio de amor hace una conexión a nuestra fe y amor en Jesús. Siendo testigos positivos descubriremos un nuevo entusiasmo que nos llenará de amor por cada creatura. Dejaremos de discutir un punto moral y comenzaremos a ser testigos de las maravillas de nuestro Dios que ama cada vida nueva con un amor personal y único.

Decir solamente que la Iglesia está en contra del aborto, como católico es una declaración equivocada. La mejor manera de profesar nuestra fe Católica es decir que DEFENDEMOS la Vida. Con frecuencia vemos nuestra fe Católica, o como otros la describen por lo que no podemos hacer. Este es un entendimiento pequeño e incompleto de lo que significa ser un discípulo de Jesucristo, un buen Católico. Seguimos las enseñanzas de Jesús no por lo que no podemos hacer, si no por las cosas maravillosas que Jesús nos revela. Somos primeramente una Iglesia que cree en lo maravilloso, lo misterioso y lo valioso de la vida humana. ¿Por qué alguien no querría profesar este aspecto tan positivo por cada vida humana, siendo y viendo a todos como hijos de Dios?

Debemos respetar la vida de cada persona desde el momento de la concepción porque queremos amar a todos nuestros hermanos y hermanas en cada etapa de sus vidas con el amor de Dios. La Ciencia, sin la ayuda de la religión, está constantemente revelándonos la complejidad y maravilla de la vida humana. Sabemos que desde el momento de la fertilización, los elementos esenciales de nuestro ser como humanos ya existen y solamente necesitan crecer. Entre más profundo investiga la ciencia, más se revelan sus maravillas y la huella del amor de Dios. No proteger la vida desde sus primeros momentos establece un precedente peligroso e ignora lo que la ciencia y nuestra fe revelan acerca de la particularidad de cada vida.

Para que alguien acepte el aborto, esa persona debe enajenarse de la creencia que la vida dentro del vientre de la madre es un bebe, una vida humana con sus valores y derechos. Esta es una manera desastrosa de pensar. Si la vida de una persona no se valúa y reconoce desde el principio, entonces cada decisión que se toma con respecto a la vida será arbitraria e injusta. Será injusta porque el valor de la vida del bebe en desarrollo, el cual ya está vivo, es vulnerable y tendrá oportunidad de nacer con la decisión de alguien más. ¿Dónde sentimos que esto es justo y que es una manera de decidir en nuestra sociedad? Además, si podemos hacer esta decisión arbitraria para determinar el valor de una vida humana antes de nacer, ¿También lo haremos esta decisión en otras etapas de la vida (en la ancianidad por ejemplo), u otras razones como (problemas médicos)?

Como católicos debemos ser Testigos de la Vida sin ninguna vergüenza. Somos gente de la Luz y de la Vida y eso debe ser evidente en nuestro testimonio. Con inspiración no nos cansaremos, sino más bien nos llenaremos de un entusiasmo nuevo por esta causa con un amor que muestra cuidado tanto por la mamá desesperada como por el bebé aún no nacido. Cuando somos testigos del Evangelio de la vida por medio de nuestras palabras y opciones, somos motivados por un corazón transformado por el amor de Dios que desea que toda la vida sea respetada.