Esperanza para el Año Nuevo: Vivir Como el Cuerpo de Cristo

Al comienzo de cada Año Nuevo parece que tengo una razón para estar contento y con esperanza. Algunos años este gozo me viene de alguna resolución de Año Nuevo o una esperanza de que los problemas del año anterior se han pasado y es tiempo de nuevos comienzos. Este año, sin embargo, la fuente de mi gozo nuevo me viene de nuestras nuevas ordenaciones al sacerdocio y al diaconado.

El 11 de enero de este año tuve el gozo y la oportunidad de ordenar a Keith Garvin, un seminarista para la Diócesis de Shreveport, al diaconado. El 31 de mayo del 2014, ordenaré al ahora Diácono Keith Garvin al sacerdocio y al seminarista Jerry Daigle al diaconado. Luego el 28 de junio, ordenaré 16 hombres al diaconado permanente que servirán en las parroquias, desde las más lejanas del este hasta las del oeste de la diócesis. Este es un cambio maravilloso para nuestra diócesis y que debe darnos esperanza, no solo porque tenemos nuevos sacerdotes y diáconos para servir en nuestras parroquias, sino porque estas nuevas ordenaciones y un número creciente de seminaristas son una señal de una Iglesia viva en Jesucristo. Este número de ordenaciones me da esperanza porque es una verdadera respuesta a los problemas serios que tenemos de un bajo número de clero diocesano.

Pienso que con frecuencia vemos la seria falta de sacerdotes en nuestra diócesis como un problema que la Iglesia puede resolver cambiando la regla del celibato u otros aspectos externos de las enseñanzas de la Iglesia o de la vida de los sacerdotes. Yo pienso que este es un entendimiento incompleto del verdadero problema. Existen verdaderos problemas actuales que afectan las vocaciones. Por ejemplo, la mayoría de nuestras familias Católicas son pequeñas con solo uno o dos hijos. También, el mensaje seglar de que el éxito y el logro de independencia financiera son poderosos y con frecuencia ahogan el valor y la atracción a una vida al servicio de la comunidad, de la iglesia y del mundo. Pero aun estos obstáculos verdaderos en la vida no son la respuesta completa al porque menos hombres y mujeres escogen una vida religiosa.

Creo que el problema de vocaciones esta enraizado en nuestra falta personal y como iglesia del entendimiento de nuestra propia vida como una vocación, o sea una vida vivida en respuesta al llamado de Dios. Con frecuencia he dicho que si nuestra fe no es el centro de las decisiones que tomamos, o la fuente de nuestra motivación, o la guía en una decisión moral difícil, ahí es donde necesitamos encontrar cual es nuestra creencia central, nuestra motivación principal en la vida y nuestra guía al tomar nuestras decisiones morales.  Como discípulos somos llamados a poner a Cristo en el centro. Cuando decidimos no ir a Misa en Domingo, ¿QUE ES LO MAS IMPORTANTE? Esta decisión es profundamente importante porque el valor que es más importante que ir a Misa está creando a la persona en la que nos vamos convirtiendo. Como cristianos debemos poner a Cristo en el centro para que seamos formados diariamente en alguien que se parece más a Cristo. Si no nos vamos convirtiendo más como Cristo, entonces ¿Cuáles son los valores más importantes que nos están formando? ¿Nos estamos convirtiendo en una persona que es más popular, más rica, más bonita, más segura, más en el centro de nuestra vida pero en nuestros propios términos, y aparentemente más libres?

Entre más vivamos juntos como el Cuerpo de Cristo y vivamos nuestra vocación recibida en el Bautismo de llegar a ser cada día más como discípulos de Cristo, más enseñaremos a nuestros hijos que servir a Dios es una vocación valiosa y profunda. Y ni siquiera tendremos que decírselos con palabras porque ellos lo verán en nuestras acciones. Verán lo que es más importante para nosotros.  Viviremos como gente llamada por Dios al servicio.
Mi esperanza es que este año y los años venideros continuemos teniendo hombres jóvenes que busquen entrar al seminario y mujeres jóvenes que consideren el convento porque habrán aprendido el valor del servicio, la importancia de la fe y la sabiduría de vivir sus vidas como una vocación, un llamado de Jesucristo, de llevar Su amor al mundo. Mi esperanza es que tendremos más vocaciones actuales y tendremos ordenaciones  cada año como resultado de un entendimiento renovado en cada uno de nosotros en toda la diócesis de lo que significa ser un discípulo. Que cada uno de nosotros en nuestra propia vida espiritual continuemos descubriendo nuevas maneras de ser discípulos de Jesucristo por nuestro involucramiento en los retiros de ACTS, de la Asociación Magnificat, de nuestro testimonio con Pro-vida, de las Escuelas católicas, del programa catequético renovado, de la Sociedad de San Vicente de Paul, de Caridades Católicas, del Ministerio de Jóvenes, del Ministerio Hispano y de muchas más organizaciones llenas de fe y ministerios de nuestra diócesis. Mi esperanza es que esta renovación de corazón vaya profundizando nuestra fe para construir  nuestro discipulado más central a nuestras vidas para animar  vocaciones nuevas a la Iglesia porque creemos que escoger una vida de servicio a la Iglesia es una vocación noble y alegre.

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