Únete al Sufrimiento de Nuestros Hermanos y Hermanas con Corazón Amoroso

por Obispo Michael G. Duca

Se está haciendo tarde mientras escribo esta reflexión.  Quiero irme a dormir pero tengo que entregar este artículo mañana.  No puedo pensar sobre que tema escribir. En realidad no es así, si no que el tema y evento que llena mi mente y mi corazón es el de la persecución de los cristianos en el mundo, especialmente nuestros hermanos y hermanas en IRAQ.  Se me hace difícil escribir porque el horror es muy grande y muy difícil de explicar, y tal vez para decirlo mas directo, muy difícil de soportar.

Una descripción de la Iglesia Católica Caldea, la Iglesia Católica del Este, a la cual pertenecen la mayoría de los Cristianos Iraquíes y se reporta el 7 de Agosto:

“Los militantes ISIS atacaron con armas pesadas la mayoría de los pueblitos del área de Nínive, durante la noche del 6 y 7 de Agosto y ahora están controlando ya esa área. Los cristianos, como 100,000, llenos de horror y pánico, huyeron fuera de sus casas y pueblos (sin nada) mas que su ropa en la espalda,” dijo el Patriarca Luis Raphael I Saco. “un éxodo, un verdadero vía crucis. Los Cristianos están caminando a pie en el implacable calor de verano de Iraq hacia las ciudades de Jurdish Arbil, Duhok y Soulaymiyia, incluyendo los enfermos, los ancianos, los bebes y las mujeres embarazadas. Están enfrentando una catástrofe humana y un verdadero riesgo de genocidio. Necesitan agua, comida, un techo.”

También hemos escuchado de los terribles actos de violencia y de martirio a los Cristianos. Digo martirio porque los Cristianos Caldeos, nuestros hermanos y hermanas están siendo asesinados porque se rehúsan a negar la fe en Cristo.

Esta persecución es muy difícil de cargar en el corazón. Podemos también sentirnos agobiados porque el problema parece tan grande, tan lejano. ¿Qué podemos hacer?

En momentos como estos estamos aptos para darnos por vencidos y tratar de sacar esta tragedia fuera de nuestras mentes. Si yo no puedo resolver el problema, entonces no hay nada que pueda hacer. Esta, por su puesto no es la manera correcta de pensar. Entre más nos distanciamos de las realidades del mundo, más somos tentados a vivir nuestras vidas superficial y egoístamente. No se espera que resolvamos todo el problema pero si somos llamados por nuestra fe en Jesucristo a unirnos al sufrimiento de nuestros hermanos y hermanas con un corazón amoroso. Así que, ¿Cómo haremos esto estando tan lejos de ellos?

Primero, oramos – no solamente oración casual si no apartar un largo tiempo de oración, suficientemente largo que pensemos profundamente en el sufrimiento de otros y abrir nuestros corazones para sentir algo de su dolor. En momentos de oración como estos, escogemos abrir nuestros corazones para cargar la cruz de Jesús y unirnos al sufrimiento de los demás. Esta oración no se trata de palabras sino de permitir que nuestros corazones sean traspasados por el sufrimiento de otros, porque en ese momento, encontramos la presencia de Dios y cambiamos. Nuestros corazones se unen a las preocupaciones de otros y menos en nuestras pequeñas preocupaciones. También podemos escuchar mejor las necesidades de aquellos a nuestro alrededor y ayudar a los que sí podemos.

Por medio de nuestra oración viene nuestra respuesta. Hay dos maneras de ayudar. Por medio de la organización de Servicios Católicos de Ayuda (crs.org) que está dando ayuda directa a los necesitados en Iraq y otras áreas de mucha necesidad en todo el mundo. ¡Apoye este trabajo! Es la mano de la Iglesia, nuestra familia, ayudando a los mas necesitados. Dando dinero, tiempo y artículos nos conecta con la Iglesia sufriente de una manera más real y nos permite poner nuestras vidas en una perspectiva más espiritual y amorosa,  dándonos cuenta que muchas de nuestras necesidades y deseos son superficiales y egoístas. No podemos mantener en nuestros corazones el sufrimiento de otra persona en necesidad como la necesidad de agua para vivir, sin reflexionar sobre la manera en que usamos y mal usamos el regalo de agua limpia y el dinero egoístamente comprando por ejemplo una botella de agua especial.

No es fácil cargar el sufrimiento de otros pero es lo que Jesús hizo y nos invita a que al igual que él, carguemos con nuestra cruz.

No se sobrecarguen al afrontar el sufrimiento del mundo que por los medios de comunicación parece tan cercano. Por otro lado, no tengan miedo de cargar en sus corazones algo del sufrimiento que hay en el mundo. En su oración sentirán el sufrimiento de los demás que, aunque parezca que están muy lejos, sus oraciones los alcanzarán y sus corazones serán cambiados. Jesús tomó sobre sí mismo los pecados del mundo y nos dio una vida nueva. ¿Acaso podemos nosotros hacer menos que Él por nuestros hermanos y hermanas? Carguemos con nuestra cruz y sigámoslo.

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