Romper la Esclavitud del Mundo en Nuestras Vidas

por Obispo Michael G. Duca

El otro día leí una frase de la autora Dorothy Bass que, en su libro Keeping the Sabbath, dice que el mandamiento en el libro del Deuteronomio de santificar el domingo está ligado a la experiencia de la gente que ha sido liberada de la esclavitud. Ella dice, “LOS ESCLAVOS NO PUEDEN TOMAR UN DIA LIBRE; LA GENTE LIBRE SI PUEDE.” Este fue un mandamiento, dado a los israelitas cuando fueron liberados para vivir como la gente de Dios LIBRE.
En los Estados Unidos vivimos disfrutando de una libertad maravillosa. Desafortunadamente nuestra cultura puede ser tan poderosa que podemos esclavizarnos sin darnos cuenta, o somos forzados al adaptarnos, aun en contra de nuestros deseos. Cuando leí la frase, “Esclavos no pueden tomar un día libre, la gente libre si puede,” pensé de las muchas maneras en las que podemos ser esclavos y no nos damos cuenta: esclavos de nuestros deseos, nuestras cosas y de las opiniones de los demás. Tal vez no somos en verdad libres.

No soy tan grande para recordar cuando salió el uso de “la contestadora.” Yo no tenía una porque sentía que los feligreses podían encontrarme durante las horas de oficina. Después de un tiempo los mismos feligreses se molestaron un poco cuando mi teléfono no contestaba las veces que yo no estaba en casa. Así que a final de cuentas tuve que ceder para tener esa comodidad que me hacía más libre, sin embargo esto solo me permitió recibir más llamadas y tener mi vida más ocupada.

Recuerdo el tiempo antes de tener celulares cuando se iba uno de vacaciones y la única manera de comunicarse con el trabajo o la familia era por medio del teléfono público o en el hotel. Adelantémonos a la vida de hoy y vemos que tan importante son nuestros teléfonos, que estamos pegados (esclavizados) a ellos. Ahora me siento incómodo cuando voy a la tienda a solo unas millas fuera de casa sin mi teléfono. Son de gran ayuda, pero no estamos nunca solos, y estamos siempre en espera.

¿Cómo nos podemos asegurar que somos libres para vivir y tomar decisiones como discípulos de Jesucristo y buenos Católicos?

La libertad de Jesús está en la libertad de amarnos los unos a los otros como Dios nos ha amado primero. La libertad que debemos estar buscando está en la virtud de ser libres para amar a los demás, a nuestra familia, al pobre, a nuestros compañeros de trabajo con el amor de Cristo. Si esta es nuestra meta como Cristianos, la conversión que buscamos aumentará nuestro amor a Dios y al prójimo y será una guía para romper la esclavitud del mundo en nuestras vidas.

La dificultad con esta manera de pensar es que para amar a los demás debemos desenfocarnos de nosotros mismos. Tenemos que decidir hacer una  prioridad nuestra vida espiritual. Necesitamos estar conscientes de que nuestras vidas son sutilmente controladas por el amor de realidades que parecen darnos la libertad personal, pero que pueden también ser esclavitud y obstáculo para seguir a Jesús. Por ejemplo: desear estar “a la moda” o tener el último aparato, ¿Es una libertad o una esclavitud? ¿Somos libres para estar fuera de la moda y/o escoger un estilo más simple? ¿Escogemos a cual Misa Dominical iremos antes de escoger otra cosa o hacer otras cosas que nos interesan en nuestras vidas? Cunado conversamos con los demás, ¿Somos libres para ponerlos antes que a nosotros mismos, dándoles toda nuestra atención sin mirar nuestro teléfono? ¿De verdad necesitamos checar nuestro teléfono o los textos aun cuando estamos en la iglesia? (Recuerden que Jesús en le Jardín de Getsemaní les dijo a sus apóstoles, “¿Qué no pueden vigilar conmigo por una hora?”) ¿Somos libres para no ver pornografía o nos engañamos a nosotros mismos de que podemos parar cuando queramos? ¿Somos libres de perdonar a alguien que nos ha herido o disfrutamos seguir molestos con ellos?

Examinemos nuestras vidas y confiemos en la sabiduría de Cristo y Su Iglesia más que en la sabiduría del mundo. Vean sus vidas con los ojos de la fe y vean que algunas de las “opciones libres” que hacemos no son tan libres. Muchas de nuestras preocupaciones, deseos, heridas, rencores y miedos que llevamos son cargas que nos esclavizan, nos roban la energía y nos hacen sentir como que no podemos cambiar. Con frecuencia, en lo más profundo no queremos cambiar porque nos sentimos seguros viviendo en nuestra esclavitud; nos gusta nuestro pecado y somos consolados en nuestro mundo egoísta. Pero esto es una mentira que nos roba la esperanza y el entusiasmo por la vida. Examinen sus vidas. Hagan que sea prioridad su oración y su vida sacramental y las relaciones de amor. No distraigan con opciones egoístas, sino más bien busquen siempre seguir el mandamiento de Jesús “ámense unos a otros como yo los he amado.” Esta es la única manera Cristiana de Amar, donde encontraremos gozo, esperanza y la verdadera libertad.

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