Despedimos a Nuestro Pastor

por Rosalba Quiroz

El buen pastor da su vida por las ovejas. Juan 10:11. El Obispo Michael G. Duca ha sido ese buen pastor y como tal, nos ha guiado por los últimos diez años. Desafortunadamente las ovejas estamos por todo el mundo y este mes despediremos a nuestro querido obispo, ya que el Papa Francisco lo ha nombrado Obispo de la Diócesis Baton Rouge Luisiana. Pareciera que nos quedamos como dice una vieja canción: “dicen que no se sienten las despedidas, dile al que te lo cuenta que esto es mentira… el que se queda se queda llorando y el que se va, se va suspirando… 

Después de diez años de tenerlo con nosotros, nos quedaremos tristes porque se va pero llevaremos en el corazón sus enseñanzas, y muestras de cariño. ¿Quién no estrechó su mano amigable en un convivio o celebración? o ¿Quién no vio como recorría las mesas en las fiestas preguntando a los niños que película o juego les había gustado últimamente? Todos en la diócesis, sin importar raza o lengua sentimos su cariño y nos favorecimos de su ministerio como obispo al servicio de Dios y de la Iglesia.

Aunque con el corazón afligido de verlo partir, nos alegramos por él, pues aunque este cambio trae consigo más responsabilidades, es también un desafío que por obediencia al Papa y a la Iglesia aceptó y está dispuesto a tomar el 24 de agosto.

Los invitamos a participar en las Misas y despedidas que se ofrecerán en su honor los siguientes días: el viernes 17 de agosto en la parroquia de San Jose en Zwolle, a las 6 p.m. El sábado 18 en la parroquia de Jesus el Buen pastor en Monroe a las 10a.m. y el domingo 19 en la Catedral a la 1:30p.m. Todas las Misas serán seguidas por una recepción a la que estamos todos invitados. Los exhortamos a que no falten y le muestren al obispo su cariño y agradecimiento por estos diez años que Dios nos permitió tenerlo como nuestro pastor.

Oremos por su futuro, por la Diócesis que lo recibe, así como también para que Nuestro Señor Dios y el Papa Francisco envíen pronto un nuevo Pastor a nuestra diócesis y continuar juntos construyendo su reino en esta área de Luisiana.

Oremos también por todas las necesidades de la iglesia, de todos los que sufren y de los que no conocen aún a Jesús, “El Salvador del Mundo” para que Dios envíe más pastores a guiarnos por el camino de la fe y la salvación.

Una de las enseñanzas que nos deja el obispo es algo que nos ha dicho y ahora le toca vivir: “Es difícil dejar algo cómodo y conocido o que necesitamos cambiar pero cuando lo hacemos, Dios llena ese espacio que abrimos con algo mejor y maravilloso porque Dios nunca deja de sorprendernos”. Que el vacío mutuo que se abre hoy, sea llenado de bendiciones abundantes como nos lo repitió nuestro obispo Michael G. Duca.

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