por Bishop Michael G. Duca
El mes de agosto nos hace pensar en el regreso a clases. Aunque yo no pensaba así cuando era niño e iba a la escuela, ahora estoy infinitamente agradecido con mis maestros y con el apoyo de mis padres que me permitieron obtener una buena educación. La educación es uno de los ministerios esenciales de la iglesia. Una parte importante de esta educación es dejar nuestra Fe a nuestros hijos. Los padres tienen la primera responsabilidad y derecho de educar a sus hijos en la Fe. Esto se hace más efectivamente con el ejemplo y enseñándoles las oraciones, las tradiciones y las historias; contestando sus preguntas acerca de Dios. La familia es donde aprendemos nuestras lecciones más duraderas de la fe y donde recibimos nuestra más profunda y primordial formación de fe. De hecho, si la fe no se vive en la casa por medio de la palabra y el ejemplo, así reciban muchas lecciones fuera de la casa no serán igual de efectivas. Pero cuando la fe se vive en la casa, la ayuda recibida que dan escuelas Católicas y programas de educación religiosa parroquiales ayudan tanto a padres como a hijos a entender mejor su fe.
Yo soy graduado de escuelas Católicas y soy testigo de la habilidad que tienen de formar y educar a nuestros hijos. Deberíamos mantener siempre en nuestra mente que el propósito de escuelas Católicas no es solamente proveer una buena educación. Las escuelas Católicas deben ser escuelas que provean una formación de fe Católica sólida junto con una buena educación, fundada en valores Católicos y una identidad Católica esencial.
Agosto traerá el comienzo de clases de educación religiosa parroquiales para nuestros hijos. Parte es hacia preparaciones sacramentales de Reconciliación y Primera Comunión. Nuestros estudiantes mayores se prepararán para la Confirmación y yo con ansias espero estar con ustedes celebrando este Sacramento del Espíritu Santo en nuestras parroquias. Necesitamos comprometernos a un nivel alto de educación y de buena calidad en nuestros programas de Educación Religiosa en las parroquias y las Escuelas Católicas porque es lo justo y porque debemos a nuestros hijos el mejor esfuerzo.
No cabe duda que podemos mejorar en la educación de la fe y la formación de nuestros jóvenes. Estoy comenzando a considerar como podremos afrontar los desafíos en nuestros programas de educación religiosa, en nuestras parroquias y en nuestras Escuelas Católicas.
Primero, con referencia a nuestros Jóvenes estamos buscando un nuevo director para el ministerio de Jóvenes y Jóvenes Adultos de la diócesis. Me imagino que los cambios incluirán una cooperación cercana entre los ministerios de jóvenes y el programa de educación religiosa especialmente con nuestros jóvenes y jóvenes adultos.
Segundo, con referencia a la educación religiosa, tendré dos reuniones en Agosto (una en Shreveport y una en Monroe) con las personas que enseñan educación religiosa en nuestras parroquias para que describan los desafíos, éxitos, frustraciones y esperanzas que han experimentado en este ministerio. Este será uno de los primeros pasos para desarrollar una visión para el futuro y un estudio de que persona que se necesita para una Oficina de Educación Religiosa y Formación de Fe.
La educación en nuestra fe es uno de los trabajos más importantes que hacemos como Iglesia. Es en efecto un aspecto del primer mandamiento de Jesús de ir a anunciar la Buena Nueva. Ya sea que cumplamos esto en casa, en la Escuela Católica o en el programa de Educación Religiosa, que sea siempre nuestro mejor trabajo.









